El país Media Luna es un lejano lugar que se distingue porque todos sus habitantes tienen una marca en forma de media luna situada en la parte derecha de la frente. En las afueras del país Media Luna, exactamente a la orilla de un río hay un molino en el cual viven dos malvadas mujeres, madre y abuela de una hermosa niña de largos cabellos castaños y ojos color avellana llamada Constanza quien al igual que todos los habitantes de este lugar tiene una media luna en la frente, pero no es así con las dos malvadas mujeres ya que ellas no tienen marcada la media luna, hecho que las hace sentirse especiales en relación al resto de la gente que habita este país, por tal motivo rechazan y desprecian a Constanza a quien constantemente le hacen ver lo diferente que es a ellas, teniéndola confinada a las labores del molino sin más paga que un pedazo de pan y un tarro de agua al día. Durante muchos años Constanza aguantó sin quejarse el maltrato de las dos malvadas mujeres, hasta una noche en la que la carga de trabajo, el desprecio del que era víctima y la poca comida que ingería, provocaron en ella una crisis de llanto, la cual se vio interrumpida al sentir un cosquilleo en la media luna de su frente; a falta de un espejo Constanza corrió hacia el río para ver su reflejo en sus cristalinas aguas y es así como observó con asombro que de su media luna salió un débil rayito de luz el cual poco a poco fue aumentando de intensidad hasta llegar a ser un gran haz de luz que iluminó la parte alta de un frondoso árbol que se encontraba junto al molino en donde estaba posada una paloma blanca quien con ternura le dijo:
- No estés triste querida, sé lo que te sucede y estoy aquí para ayudarte
- ¿quién eres?, le pregunta Constanza
Sin responder al cuestionamiento de la niña, la paloma le entregó una cajita que contenía una cucharita de plata y una jugosa manzana roja; una vez que Constanza tuvo la cajita en su poder, la paloma le dio las instrucciones de cómo usar estos objetos:
- La cucharita sólo tienes que introducirla en el trigo molido y al mismo tiempo decir: “cucharita crecerás y los sacos llenarás” y ella se encargará de llenar los sacos y así tú podrás descansar; la manzana es para saciar tu hambre, cuando la vayas a comer deberás pronunciar: “la manzana morderé y jamás la acabaré” y así a cada bocado que tú le des la manzana se volverá a completar, de esta manera nunca se acabará.
Apenas terminó de decir esto, la paloma desapareció. A la mañana siguiente Constanza probó los objetos que le diera la paloma pronunciando sus respectivos versos y en cuanto colocó la cucharita dentro del trigo molido los sacos empezaron a llenarse; le dio una mordida a la manzana y tal como le dijera la paloma, a cada bocado que ella le daba éste se reponía. Y así pasaron algunos días en los que Constanza una vez liberada de las tribulaciones que la aquejaban, comenzó a mostrarse feliz y descansada, situación que advirtieron su madre y su abuela quienes sospecharon que algo estaba sucediendo en el molino, por lo cual se dieron a la tarea de observar a Constanza y así se percataron de los objetos mágicos que la niña poseía. Llenas de envidia las malvadas mujeres, después de reprender a Constanza la obligaron a que les entregara su tesoro. La niña no tuvo más remedio que dárselos. Esa noche Constanza no podía dormir debido a la tristeza que le embargaba, pero a la media noche, una vez más, de la media luna de su frente salió primero un débil rayito de luz el cual aumentó de intensidad hasta convertirse en un gran haz de luz que iluminó la parte alta del frondoso árbol sobre el cual se encontraba nuevamente la paloma quien le dijo:
- Estoy enterada que tu madre y tu abuela te quitaron los objetos que te regalé, pero no estés triste, sólo haz lo que te voy a decir: ve al pueblo y pídele a los habitantes que mañana justo a la media noche, todos juntos dirijan el rayo de luz que emana de sus medias lunas hacia el bosque.
Constanza siguió las indicaciones de la paloma y se dirigió al pueblo a pedirles a los habitantes lo que el ave le dijo, todos ellos aceptaron encantados de hacerle ese favor a Constanza aunque sorprendidos al enterarse que su media luna era capaz de producir luz. Y así a la medianoche de aquel día, el bosque se vio iluminado por un gran torrente de luz, el cual llamó la atención de un príncipe que se había perdido en ese lugar mientras andaba de cacería, al ver a Constanza quedó prendado de su hermosura y se la llevó con él a su castillo. La madre y la abuela de Constanza quienes observaron todo lo sucedido, aunque estaban muertas de la envidia aún guardaban el consuelo de haberse quedado con los objetos mágicos de la chica, sin embargo cuando fueron a buscarlos, éstos se habían convertido en cenizas. Tiempo después Constanza y el príncipe se casaron y vivieron felices para siempre. Todas las mañanas en la torre más alta del castillo, se ve una paloma blanca que desde ahí vigila el reino.
Autor Alicia Rivera Delgado