martes, 17 de abril de 2012

FATALIDAD - Alicia Rivera Delgado

Abro los ojos, intento incorporarme y no puedo, mi cuerpo es como una gran roca y mis fuerzas no son suficientes para moverlo. Intento gritar y el grito se ahoga en mi garganta. De pronto, empiezo a experimentar un hormigueo que va caminando del cuello hacia los pies. Ahora mi cuerpo es tan ligero que podría volar en cualquier momento. Me levanto y busco a Luis, lo encuentro, su semblante refleja una gran pena, me acerco a él para besarlo y nuevamente me aterrorizo, Luis no me ve. De mi garganta se escapa un grito que la desgarra, pero Luis no me escucha. Me doy cuenta que soy invisible, inaudible. El terror se convierte en ira irrefrenable, comienzo a destrozar todo lo que me rodea. Luis se levanta sobresaltado al escuchar el ruido estrepitoso que hacen los objetos al caer, en su rostro se forma un rictus de pavor. Escucho que llaman a la puerta, mi ira se desvanece. Luis se levanta a abrir. Veo que entra mi madre con un gran ramo de rosas color malva, mis preferidas. Luis y mi madre murmuran algo, no alcanzo a escuchar lo que dicen, sólo observo lágrimas y tristeza en sus rostros. Se dirigen al dormitorio, los sigo, mi madre coloca las rosas sobre la cama donde yace mi cuerpo impávido. Entiendo ahora que estoy muerta. A lo lejos escucho un sonido, es la alarma del despertador. Con los ojos aún cerrados estiro una mano para apagarla. Ya despierta me incorporo. La puerta de la habitación se abre y entra Luis con una rosa color malva entre las manos. Entiendo ahora que estoy viva y todo fue un sueño.




ALICIA RIVERA DELGADO