Este ensayo no pretende ser total, es simplemente una opinión, una explicación sencilla de un problema que debe interesar a todos, tal vez con errores de apreciación y que de ninguna forma abarca todas las variables de la economía mundial, sin embargo considero la generalidad clara y espero sea también concreta.
¿Alguna vez se ha preguntado porque los gobiernos se endeudan?, en cierto momento dedique mi tiempo a reflexionar respecto de esta interrogante, lamentablemente se nos ha hecho creer que la economía esta reservada para intelectuales de mucho seso, aunado a la situación de que en nuestro país no se fomenta el amor a las ciencias exactas, al calculo y otras divertidas materias, por lo que terminamos con un profundo desprecio a las cuestiones básicas de toda sociedad, es decir, el manejo de los recursos con que la misma comunidad se nutre queda en el limbo de la apatía.
Todos sabemos que los gobiernos cobran contribuciones, -de acuerdo al código fiscal, impuestos, derechos, aportaciones de seguridad social, contribuciones de mejoras- dichos recursos se deben aplicar en proyectos de infraestructura (carreteras, construcción de hospitales, escuelas, oficinas administrativas, mantenimiento, aeropuertos, puertos marítimos) etcétera), gasto corriente, nominas de trabajadores del Estado, pensiones para jubilados, presupuesto para dependencias, organismos desconcentrados y paraestatales, así como apoyos y programas sociales, creados para distribuir mejor el ingreso; en principio lo que los ciudadanos aportamos debería de ser suficiente para mantener todo el gasto de gobierno, pero existen ocasiones en que no es así, por lo que la hacienda pública decide “emitir deuda”, es decir documentos por los cuales el gobierno recibe dinero de particulares, empresas, inclusive otros países, a cambio de comprometerse a regresar el monto con un interés, en un determinado tiempo, entre los mas comunes en México tenemos los CETES, PETROBONOS, UDIBONOS, BONOS DE DESARROLLO.
Cada vez que se subastan o emiten estos instrumentos, el gobierno asume deuda que será pagada con la propia recaudación fiscal o de los beneficios que le retribuya la inversión que hará, en ciertos casos es necesario realizar estas operaciones para que el gobierno tenga efectivo disponible para proyectos que de otro modo tendrían que esperar muchos años, como la construcción de refinerías o de puertos marítimos de gran calado; mas la situación se complica cuando es el propio gobierno quien al administrar dichos recursos los derrocha o por variaciones previsibles, se pierden, pues lo que sucede es que la deuda no se paga y crece como cualquier otra, además recae sobre ella intereses moratorios que hacen mas difícil su pago; muchas personas y principalmente empresas dedicadas al rubro de inversión (casi cada Grupo Bancario tiene una división financiera) esperan a tener las mejores condiciones de compra de estos elementos, -intereses mas altos y plazos de pago mas reducidos - , y de esta manera generar ganancia mas rápido, presionando con ello al gobierno para que liquide su deuda con perdidas, en pocas palabras, pagan centavos y reciben pesos.
Esta situación presiona las finanzas del gobierno, que en vista de su incapacidad para recaudar mas dinero de los contribuyentes, emite mas deuda para pagar las cuentas mas atrasadas, ingresando en un circulo vicioso similar a cuando se usan tarjetas de crédito para pagar otras tarjetas. Llegará entonces un punto en que la deuda sea tan grande que sea impagable, con lo cual, se requerirá contratar créditos con organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial (BM) a fin de reparar la economía.
Obviamente el FMI y BM (instituciones creadas por los países ricos) no prestan por caridad, usualmente estos contratos de crédito mantienen condiciones muy complicadas para el país que lo solicita, ya que aparte de la propia obligación de pago, mas el interés, condicionan el apoyo a la apertura de las distintas áreas de la economía del país que emite deuda, con el fin de que las industrias transnacionales que se asientan en los países ricos, entren con condiciones inmejorables a la ya de por si golpeada economía del país deudor. Siendo las de especial interés para las industrias trasnacionales el sector energético y extractivo, por citar algunas.
Ahora la crisis empeora, ya que al entrar transnacionales a mercados recientes carentes de capacidad, poco protegidos, con baja tecnología y educación, las empresas públicas del país (públicas o privadas) quedan a merced de las enormes potencias, incitando su desaparición aumentando el desempleo y las necesidades de la población; de igual modo baja el ingreso, y por lo tanto hay menor recaudación y menor crecimiento económico, provocando el gobierno nuevamente no pueda pagar, cayendo en la moratoria, y como resultado tenemos el aumento de las deudas, ahora se comprende la asumida con los organismos internaciones, así como con los acreedores originarios que como señalamos son en su mayoría Bancos y sociedades de Inversión.
Entonces se recurre otra vez a los organismos internacionales y a los países con liquidez para mejorar las condiciones de la deuda contraída, exigiendo ahora estos últimos, recorte al gasto publico, es decir, eliminación de programas sociales, educativos, mantenimiento de empresas paraestatales, disminución de nominas, eliminación de aumentos, bonos, subsidios, baja de pensiones, aumento de la edad laboral y por ultimo, el aumento de “impuestos” a los contribuyentes; entre ellos las empresas que hacen recortes para poder sostenerse, por lo que elimina empleos, engrosando de este modo la desocupación. En este punto la soberanía financiera sobre las decisiones de recaudación y gasto, se ha perdido por completo y el país deudor se encuentra en crisis.
Otro problema son las “calificadoras”, empresas dedicadas a juzgar que país o institución publica o privada mantiene las mejores condiciones para invertir, otorgando niveles, provocando con ello opiniones que son prácticamente reglas para que las personas físicas o colectivas lleven dinero a donde las calificadoras señalan. Una baja en la calificación otorgada por estas empresas provocaría por ejemplo que un Estado no reciba inversión extranjera o que se le nieguen créditos.
Dado que todas las acciones tomadas para salvar el problema no son más que decisiones momentáneas, la deuda se incrementa sin control hasta que no hay forma de salvarla, por lo que se suspenden pagos por parte del país deudor y en algunos casos se conviene una “Quita”, es decir, que el acreedor recibe un menor porcentaje de lo que se le debe y da por saldada la deuda. Esto provoca que los antes acreedores – que también tienen obligaciones con otras personas - no cumplan con sus obligaciones totalmente, aumentando sus propias deudas internas, concluyendo su situación en rescates por parte sus gobiernos expandiendo el problema y convirtiéndolo en una dificultad que afecta a todos los sistemas, y en un mundo con economía globalizada a todos los países, cayendo la economía en recesión.
Esta situación pasa actualmente en España, Gracia, Irlanda, Italia y se extiende a toda la Unión Europea.
Lo peor de todo es que esto se puede evitar y solucionar con lo que siempre ha faltado en el desgastado sistema capitalista y al sistema político dominado por las empresas que padece el mundo, RESPONSABILIDAD.
Hector Márquez
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