miércoles, 16 de noviembre de 2011

CERCO - Poema Juan Antonio Perez Sobrado

Con el tiempo he aprendido a apreciar la literatura, creo que la gente que lee y critica  tiene mas bases para actuar en consecuencia, como guia de accion, y en el caso de  la poesia pienso que nos permite lograr abstracciones de la realidad  mas acabadas, a manera de un codigo que deleita la mente en vez de sofocarla; en este orden de ideas y para nunca olvidar coloco unos versos de otro colaborador para que los tengamos en cuenta siempre. Comenten y disfrutenlo.



A los más de 50 000


I

Amor, ¿qué nos queda amor?
para amarnos entre sangre y ríos de odio,
¿qué nos queda, amor?
si el amar es muerte en este día sin horas,
en este mes sin lluvias,
¿qué nos queda amor?
¿salir de casa y refugiarnos dónde?
¿bajo este sol a plomo?
¿entre un bosque de miembros mutilados?
¿en la calle sin salida?
                         ¿qué nos queda amor?
¿salir a morirnos de todo menos de amor?
¿qué nos queda, dime?
¿un cuerpo y otro cuerpo?
                          ¿un país de cuerpos?
¿qué nos queda amor?
porque hoy te amo, pero ¿mañana?
                                  ¿qué te queda amor?
                                  ¿qué me queda amor?


II

Aquí no hay esperanza amor,
sólo un vidrio roto por donde la realidad penetra,
no hay esperanza amor,
aunque estés conmigo, aunque esté contigo:
pero nosotros sin nosotros,
te lo digo, no hay esperanza posible,
cualquier día este país y su bramar de matanza
entra y nos lleva consigo,
                                no hay esperanza amor,
aunque la tenga, la fe es cosa que ya ni para los niños,
te digo que no hay esperanza,
ni aquí sobre tu cuerpo,
no hay esperanza en el labio que sangra,
ni en tus brazos tajantes, ni en el afilado codo,
jugar al eterno Adán y a la eterna Eva
                                                ¿de algo sirve?
si cada vez menos satisfechos
no de ti ni de mi, sino del mundo,
si tus manos, tu latido, el espasmo de tu primitivo restallar,
no es otra cosa que el empuje de la lágrima
y la fuerza que otorga una última vez,
que se prolonga, se repite y no acaba,
no acaba de acabarse en este fin de las cosas,
                                  aquí no hay esperanza amor,
tú y yo no somos la esperanza amor,
y yo te pregunto amor, dime
                                        ¿no hay esperanza?
de verdad, ¿no hay esperanza?
pero no respondas todavía amor.


III

Este es el infierno amor,
esta costumbre, el cadadía,
la vida allá afuera, el tránsito de la muerte
que aún no nos halla, este es el infierno amor,
el morirnos poco a poco, desnudos, sin motivo aparente,
ermitaños dentro del caos, sin placer,
este es el infierno amor y apenas estas cuatro paredes
nos resguardan, pero un día, hoy, mañana,
no sé cuándo, los muros habrán de ceder
y entonces nos encontraremos cara a cara
con la muerte, y ni siquiera nuestra propia muerte,
la muerte que otros nos impongan,
esto es el infierno amor, no saber cuándo,
estar sentenciados porque sí, indefinidamente,
sólo por ser humanos, por haber nacido,
por vivir en esta tierra, por querer ocultarnos
y por ser tan insignificantes como para ser aplastados
un día cualquiera, esto es el infierno amor,
infierno por decreto, y tú y yo
que sólo queremos amarnos y vivir
                                    nuestro paraíso ahora.


IV

Te hablo muerta amor, viva amor
de tu propio veneno, en mis pacientes horas
a tu lado, sin nada qué decirnos
mas que palabras de desconsuelo,
cómo decirte que todo ha de terminar,
cómo decirte que la felicidad está en la otra esquina,
cómo decírtelo amor sin mentirnos,
te hablo como a mí mismo amor,
como a una niña que ha comprendido,
te hablo amor desde la cobardía,
desde el temor y el exilio ciego,
tú y mi perenne reclusión, te hablo amor
con la canalla voz de la verdad, te hablo amor
desde mis abismos sin nombres, responde amor,
responde desde la otra orilla amor,
háblame amor de tu muerte,
de tus horas sin nadie, háblame amor,
vale la pena, háblame muerta amor,
                                      viva amor.


V

Te me ocurres amor como una fuente sin vida
que ahí está, hecha piedra, de pie,
bañada en el bronce de las cinco,
te me ocurres amor como la última fuente
que apenas ayer surtía, y qué nos queda amor,
el amar sin amor y esta cama que desafía,
te me ocurres amor como el día que no llega,
como este día que no se va, te me ocurres amor
como esa llaga que no cierra y me dueles amor
con tus ojos fijos y tu eternidad a punto del colapso,
con la calma de tu vientre, la dureza del seno que me arropa,
me dueles amor como la lanza,
me dueles amor como lo que eres,
una larga queja, un inabarcable dolor que no se dice,
que se respira amor tranquilamente
y te alimenta, me dueles amor como la vida
y te me ocurres amor amada por una muerte
que es lo único que aquí nos queda.


VI

Brazos, piernas, cabezas, manos, pies,
torsos, deltas de sangre, como el lienzo tlaxcalteca,
teocallis ajados, colorida muerte tras la puerta,
y tu y yo amor también somos brazos,
piernas, cabezas, manos, pies, torsos,
vértices por donde corre el amor, amor
y tu lengua, tus labios, tus caderas,
tu ombligo, tu saliva amor, tu sexo,
nombres de noche amor, y a veces de día,
pero ¿cuándo comienza el día amor?
¿cuando miro tu plexo amor?
¿cuando me miras sin miseria? ¿cuando dices
que todavía hay esperanza? ¿cuando te sabes muerta
y todos los días son un día continuo siempre inconcluso?


VII

Te penetro de muerte amor, a sangre fría amor,
cierras los ojos y ves tu muerte amor,
te penetro de dolor amor, inclementemente,
abriendo la herida entre tus piernas amor,
muero en ti amor, de abandono nuestro, amor
distante compartida, te entregas en esta alabanza
del desamparo amor, festín de ninguno,
pero te penetro amor, así, obligadamente,
sin misericordia, y tú expías nuestra miseria amor,
lloras amor, pero no de amor, quizá de añoranza,
¿dónde quedó nuestro mundo amor?
¿quién nos expulsó del amor, amor?
Te penetro amor, aún viva amor,
y en tu grito escucho el eco de la hora
aunque el mañana no asoma, sólo es tu espasmo,
la risotada final del mundo acabado
                                  que ya no es nuestro, amor
y terminamos amor, muertos sin amor, amor
flácida la sangre, el músculo perplejo,
¿dónde estás, amor? ¿dónde estás cuando abres los ojos
así, súbitamente? ¿dónde estás cuando saltas hacia la ventana amor?
¿dónde estás cuando miro el mirar tuyo
hacia el vecino abismo de nadie al que hemos sobrevivido?
                                        dime, ¿dónde estás? ¿dónde moriste amor?


VIII

No hay calles ya para nosotros amor,
ni plazas, ni aire libre, apenas
la estancia de diez por diez, no hay ya
caminos libres, ni el paseo ni el café,
sólo el riesgo inevitable de ser tú y yo amor,
a solas y sin bastarnos, acodados al filo de este lecho,
mirando nuestro abismo, respirando sangre,
hedor de este mundo, polvo de la muerte
y de la vida, pero ¿qué es de veras nuestro, amor?
¿acaso el arrebato? ¿este día que zozobra?
¿qué es de veras nuestro? Ni siquiera la semilla,
condenada antes de ser imaginada,
mundo al rojo sin acierto
donde tú y yo no podemos más que ser afrenta
falsa puerta por donde huye el amor, amor
y ¿qué nos queda amor? Acaso el cuerpo
y la ofrenda, la esperanza y este último hálito
en que se nos va la vida amor
                        y mira que nada la detiene.



Contreras, DF., mayo 1 – octubre 13 de 2011

Juan Antonio Perez Sobrado
sobrado_1@hotmail.com

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