Lo mismo que todas las artes -incluyendo la guerra-
la poesía nace de La Oscuridad
y sus orígenes se remontan siempre al desierto.
Ningún mejor alivio para el arrebatado de la gracia
como un feto de su burbuja perfecta y nutricia,
para el saturnino errante en la estéril Tierra de Nod,
que la música siempre mágica en el oído,
que la poesía como lluvia de luz, cayendo de aquello en lo alto
sobre los corazones en fuego para ser redimidos,
anticipando un trozo de los prometidos cielos.
y sus orígenes se remontan siempre al desierto.
Ningún mejor alivio para el arrebatado de la gracia
como un feto de su burbuja perfecta y nutricia,
para el saturnino errante en la estéril Tierra de Nod,
que la música siempre mágica en el oído,
que la poesía como lluvia de luz, cayendo de aquello en lo alto
sobre los corazones en fuego para ser redimidos,
anticipando un trozo de los prometidos cielos.
Al igual que el perro salvaje de chispeantes ojos
anduve por desoladas y vastas tierras donde La Muerte tiene su casa.
Y por todo un Eón, como Caín, bebí mis lágrimas;
y lo mismo que Caín debía ser despertado.
Y aprendí, al final de tan tortuosas lecciones,
a ver con el Gran Ojo para leer en los cielos las señales
y encontrar en las estrellas los caminos
como el navegante perdido, en las constelaciones,
el camino regreso a casa.
Y hoy mi corazón, a pesar de poder ser lo mismo que la roca,
alberga a un travieso niño que ve al mundo
como un juguete interesante y deseable,
enorme juguete con los atractivos colores del arco iris y la boreal aurora.
Mundo como un circo habitado por payasos donde puedo,
a mi conveniencia, ser tanto el burlón, como el sufrido.
Y hoy que soy un vástago joven sin amo, sin tribu y sin casa,
y que tu atención de momento poseo,
quiero hablarte de mi relación con La Poesía.
Con un lazo más fuerte que el vínculo que la luna sobre los lupinos ejerce,
existo enlazado, en una comunión dolorosamente hermosa,
a La Poesía, por quien viviré hasta que mi última muerte nos separe.
¡Qué altísima fue la catedral donde se realizó el sacramento!
¡Qué delicadas y celestiales campanas han sonado en nuestra boda!
¡Y qué gárgolas tan horrendas, cuales celosos demonios, nos contemplaban!
Y bien, aquí me tienes de frente, anticipándome a los hechos.
Y si una vez me abrí ante ella como un botón de flor
ante un paisaje amenazadoramente húmedo,
hoy como ofrenda entrego mis primeros frutos
como nuestros antiguos padres hicieron con El Arte
a las puertas de la ciudad de Enoch para ser admirado
en su aprobado y glorioso regreso a las comunidades.
Acérquense, pues pueden si
así lo deseanbeber
el jugo de estos frutos
como de un cáliz en La Eucaristía se bebe el Corazón del Cordero.
Es lícito que seducir te dejes, mientras los Hijos del Sol
juegan con el barro en las doradas extensiones
en su para siempre quebrantable inocencia.
Hermosísimos tengan los crepúsculos
y saludables los numerados amaneceres.
Tomado del Libro "La promesa de un poeta", Alejandro Garrigoz, Mexico 2005
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