miércoles, 20 de febrero de 2013

CONEXION - un intento de cuento corto

CONEXION

I

La noche entra en escena, tranquila, con las mejillas blancas como solo las tinieblas de plenilunio pueden hacerlo.  Gonzalo, sentado frente  al nuevo monitor de su computadora revisa los encabezados de los rotativos del día, ha sido bastante ajetreado, en las páginas del explorador alcanza a apreciar las últimas publicaciones  de la semana que no pudo concluir dado su profesión como abogado.  En su mano izquierda sostiene la ultima taza de café, oscuro, sin crema y tres cucharadas de azúcar, de sobra sabe que no lo dejaran dormir las agruras pero aun así lo bebe, confía en que consumiéndolo se logre paliar el hambre en las comunidades de la sierra alta de Chiapas, ha leído en algún blog de interés que la franquicia “StarStuck” compra a mejor precio el grano que cualquier otra corporación.

Al fin decide levantarse y dejar de lado la revisión de las noticias, será mañana cuando su mente y su cuerpo fatigados le permitan continuar. Prefiere estirar su cuerpo y realizar los ejercicios que consulto dentro de un foro en línea para sus dos principales dolencias, túnel metacarpiano – al parecer por el uso del “ratón”, no lo deja desde los 11 años- y escoliosis leve. Prefiere  realizarlos en la terraza de su casa, ubicada en las alturas de la colonia Volcanes, al sur de la Ciudad de México. Su morada es bastante modesta, fachada blanca con guardapolvo azul, loseta roja, barandales tubulares cubiertos de laca negra para evitar el desgaste que acompaña la temporada de lluvias, atípicas a últimas fechas.

Mientras realiza con maestría sus flexiones y masajes, siente una mínima pero aguda sensación de nostalgia al momento de divisar las luces incandescentes de la enorme urbe - Gonzalo es provinciano, realmente no conoció la ciudad hasta que cumplió la mayoría de edad y las oportunidades de estudio le abrieron la puerta en la capital del país-  tal vez sea lo único que valga la pena de la escena en medio de ese barrio citadino donde el hacinamiento de cables de teléfono y luz forman cerradas enredaderas que por momento parecen tragar los postes  donde se mecen, no puede evitar suspirar al tiempo que incontables bombillos terminan de encenderse formando un mar de luces multicolores. Ha terminado sus ejercicio, es hora del baño y un buen periodo de sueño que ha postergado los últimos meses… quizá un días mas no haga daño, ha llegado la última actualización del correo a su celular, es hora de salir, tal vez  hay alguien que lo espera.

II

La mañana se acerca, un sonido in crescendo en la habitación con el ritmo del momento se presenta – imagine al lector que a estas fechas es “Gangnam Style” de PSY, si hay otra más adecuada a su momento histórico haga su elección-  luego se hace presente la vibración sobre el buro de melanina ponderosa al lado de la cama de Gonzalo, su dispositivo móvil le recuerda que son las 6:00 am en punto, hora de levantarse para ir al trabajo, es viernes y ultimo día de labores, los tribunales estarán en plena calma, quizá dormirá un poco mas esta mañana. Pero además de la hora que pone fin al sueño, el tono recuerda a nuestro amigo que perdió el trabajo el ayer, al parecer en el despacho legal donde laboraba se enteraron de las imágenes que  -esparcidas a todos sus contactos- ponen en evidencia las ultimas juergas de Gonzalo, “gifs”  en alta definición a 12 mega pixeles dan cuenta de su elevado grado de intoxicación así como de la compañía de aquella noche, cuyos sexo indeterminado hacían más jocosa y virulenta la transmisión de los mismos.

Al parecer, Gonzalo ya no “iba con las proyecciones de la empresa”. Conocía el sistema judicial, no desperdiciaría meses de su vida en pleitos que  los pobres tribunales resolverían en años, mejor seria buscar nuevas oportunidades.

Alcanzaba a recordar que durante su entrenamiento como postulante, sufría constantemente por la falta de modernización de las dependencias de gobierno, la informática jurídica no conocía la luz en los tribunales citadinos. En cierta ocasión el Presidente del Supremo Tribunal de Justicia trato de mejorar las instalaciones, pero a pesar de dotar con tecnología de punta a cada uno de los juzgados, se encontró con la sorpresa de que era más caro capacitar a los “legos” en su uso y aprovechamiento. La  primera semana se infectaron todos los ordenadores porque alguien “por error” abrió páginas pornográficas, el equipo solo atinaba a emitir pitidos cada vez que alguien presionaba una tecla; la siguiente semana el correo electrónico del juez 20° de asuntos  civiles recibió la visita de “spam” virulento cuya función era ofrecer Sildenafil a bajo costo, nuevamente fue “un error”; la última semana que se mantuvo en uso el equipo, se “etiqueto” a todo el personal del tribunal, además de abogados postulantes externos y miembros de la administración publica de la ciudad, enlazándolos a contenido multimedia en cierta red social de renombre, mientras los magistrados festejaban el fin de año y al calor de las copas, la situación se salió de control hasta alcanzar proporciones que harían sonrojar a Pier Paolo Pasolini, sobra decir que se opto por mantener las funciones de la forma antigua.

En vez de sufrir, atino a revisar sus actualizaciones de estado en el servicio de conexiones profesionales y empleo en línea al cual se había suscrito años antes con la esperanza de “cotizarse” mejor en su actividad.

Saboreando aun la esencia del tabaco, mezclado con brillo labial sabor cereza de la noche anterior, verifico que su acompañante estuviese aun en cama, la ultima y fugaz conquista que le proporciono el sistema de citas que comparte con millones de personas “Mashley-Addison”; al parecer todo era normal, aunque solo pudo sonreír de forma maliciosa y un tanto melancólica, una vez que se percato del tatuaje en la nuca del cuerpo inerte que yacía en el tálamo… un código de barras  y una símbolos que a su entender “estaban en chino”.

Gonzalo  atravesó su adolescencia de la mano de un cuerpo poco desarrollado y amplias capacidades en el uso de la electrónica, la primera vez que su padre llevo el primer ordenador de la familia atino a preguntar como operaba ese aparato tan curioso que respondía a sus ordenes mediante una serie de imperativos introducidos vía teclado o ratón. Desde ese momento, fue muy poco el tiempo en que se separaba de sus dispositivos cada vez más avanzados.

Ahora bastaba con solo mirar esa pobre casa, inclusive a la mujer que tenia frente a el, todos los enseres domésticos exclaman a gritos “tecnología de punta”, “conexión a internet”, “wi-fi”, “en línea ahora”, “actualizaciones disponibles”; hoy en día el refrigerador hace las compras sin necesidad de ir al mercado, regala la idea de comida sin límites que tanto apreciaba nuestro personaje a pesar de renunciar a la idea de curiosear por los pasillos de un mercado repleto de colores, olores y personas, al tiempo que tomaba muestras de cada locatario, prácticamente hasta la saciedad ; un mini robot que gira sin parar en un ballet cibernético barre el piso, otro lo pule; los medidores digitales de luz, agua y gas, colocados estratégicamente en las instalaciones de su vivienda, enviaban reportes continuamente a su correo electrónico, notificaban la necesidad de liquidar dichos suministros al instante que media docena de anuncios ofrecían descuentos y promociones inundado su bandeja de entrada. Gonzalo recordó los tiempos en que su padre le decía, “la tecnología nos dará mejores vidas”, actualmente  evaluaba la veracidad de dichas palabras

III

En este punto  de su existencia, nuestro personaje  inspeccionaba antes de dormir y previo a levantarse su teléfono celular inteligente, tan natural como la adopción de los relojes despertadores o el cereal del desayuno, actitudes, hábitos, costumbres adquirida desde la cuna. Pero no hoy. Este día simplemente apago su aparato. En un afán por entender su situación y alejarse del mundo para reflexionar, elimino todas y cada una de las fuentes de energía de sus múltiples auxiliares tecnológicos – excepto el refrigerador ya que a nadie le gusta el olor de la comida putrefacta- dentro de su introspección recordaba el estrés, a la preocupación, la aprehensión que le causaba todo aquello.

El mundo de Gonzalo se había convertido en una agenda electrónicamente sincronizada con cada una de las actividades y fines que el propio sistema tenia destinado para el, estudio – trabajo , binomio indisoluble aderezado con la panacea del acceso universal a las tecnologías y sellado con la premisa del avance civilizatorio. Quizá la vida si era mas sencilla como su padre aseveraba pero ¿a que costo?, la tecnología había abierto en su vida nuevas posibilidades, crecimiento y oportunidades de desarrollo personal, con todo y aun dentro de si interior, su ser moral era incapaz de comprender en que se había convertido el mundo.

Intentaba comprender porque su vida no encajaba, al igual que muchos pensaba continuamente en si mismo y poseía autoestima suficiente para sentirse parte de cualquier engrane de la iniciativa pública o privada, nunca le había faltado nada y creía merecer el mundo, en la cúspide de su desarrollo orgánico la idea de mortalidad le era ajena,  el universo no era lo bastante grande para el y aun así se sentía solo.  Cruzo por su mente la idea de que el problema de su generación –que a menudo escuchaba nombrar como “nativos cibernéticos”- era precisamente este tipo de sensaciones e ideas, nacieron en un mundo que lo tenía todo, con padres que hacían lo imposible para cubrir sus ausencias con regalos, sobre todo si eran de última tecnología. Nada les había costado trabajo. Ahora Gonzalo, desempleado, solo y viviendo al día con breves momentos de placer renegaba de su suerte.

Dentro de su alcanzo a escuchar un breve ruido, observo como su compañera estiraba su cuerpo cual gato después de una larga siesta. Se acerco a ella buscando cobijo de las preguntas que le atormentaban, se escabullo debajo de las sabanas para encontrar un cuerpo semidesnudo  que ansiaba el toque de una mano.  Acaricio la espalda de Ella – tal era el nombre de su compañera-:

-No por favor- le dijo.
-¿Por que no?- contesto Gonzalo.
-Estoy muy sensible. Además tengo que irme.
-¿Irte?- cuestiono Gonzalo sorprendido- ¿No te quedas al desayuno?
-Oye, oye, las reglas de contacto son claras, esto es pura diversión, ¿acaso pensabas que busco en línea relaciones serias? – Ella sonrió un poco mientras lo observaba un poco condescendiente.
-Bueno es que pensé que tendrías hambre después de lo de anoche- balbuceo Gonzalo.
-Anoche fue solo eso, una noche, ha pasado y como decían en mi pueblo “a otra cosa, mariposa”, además harías bien en levantarte también, darte un baño y buscar algo que hacer, ¿no me contabas ayer que perdiste tu empleo?
-Esperaba poder platicar más contigo, tú sabes… de nuestras cosas… - apunto Gonzalo.
-¿Nuestras?, por Dios, mírate, pareces un chiquillo asustado. Te ves bastante deprimido, yo no te puedo ayudar con eso, te contacte porque tu perfil me parecía atractivo y no tenía más que hacer esta noche,  tuvimos un momento excelente, pero nunca hablamos de otra cosa. Te agradezco, ahora tengo que irme.-

Ella se levanto y tomo su ropa, mientras se colocaba el sostén Gonzalo la miraba con admiración, desearía tener ese desparpajo por la vida, ser como todos los demás en su generación que aceptaban la vida como se presentase. Observaba la luz de la mañana entrar y dibujar la silueta de Ella, si se esforzaba alcanzaba a divisar los casi imperceptibles vellos que recorrían su firme abdomen, suspiraba al recorrer aquel cuerpo con la vista, atravesar las curvas de su dorso, y contener la respiración al llegar a la baja espalda, justo antes de que la escena fuese llenada por el morbo.

Gonzalo tomo su celular – casi por instinto-, no pretendía hacer mal, ni siquiera cruzo su mente alguna idea morbosa, únicamente deseaba inmortalizar el momento.

-¡¿Que intentas hacer?! – exclamo Ella sorprendida y un tanto molesta.
-Mmmm... Nada – respondió Gonzalo dubitativo.
-En serio te lo digo, entrégame ese teléfono, especifique claramente que cero “recuerditos”- ordeno Ella mientras alzaba el sonido de su voz.
-En serio no tome nada, solo lo pensé por un momento, te veías tan bella, tan sublime que no pude resistir la tentación, discúlpame, no volverá a ocurrir.
-¡Eso tenlo por seguro!, porque si lo haces me encargare de esparcir rumores tuyos por toda la red, serás incapaz de tomar un autobús sin que la gente se mofe de ti. – señalo Ella amenazante.

Lo último que Gonzalo recuerda de aquel momento fue la puerta mientras se cerraba con un estruendo y con ella sus últimas esperanzas de conectarse con el mundo que lo rodeaba.

IV

El último trimestre, Gonzalo paso el tiempo encerrado en su departamento, los teléfonos, su correo electrónico inclusive el refrigerador  no paraban de sonar, debía las cuentas de todos los servicios, apenas  tenia agua para beber y se mantenía vivo a base de una rigurosa dieta de pastelillos y demás frituras que había jurado pagar al dependiente de la miscelánea ubicada en la esquina del edificio que habitaba. Los requerimientos del agua, la luz, hasta la renta eran constantes, pero eso era irrelevante para él. Lo único que había atinado a conseguir era que mantener el servicio de internet en su  ordenador de escritorio.

Cada vez más degradado, pasaba su tiempo “surfeando” las páginas de la Web profunda, aquellos lugares donde la libertad de la red cruzaba con el libertinaje, páginas pornográficas eran su predilección, pero también había adquirido algunos gustos menos ortodoxos, tráfico de armas, videos de asesinatos, noticias increíbles, fanatismo religioso o conspiracioncita, todo aquello que a gusto de Gonzalo pudiese darle un poco de conocimiento sobre lo que acontecía en su minúscula existencia.

Había subido más de 15 kilos y se convirtió en un manojo de nervios, sufría de colitis, gastritis y por supuesto intestino perezoso. Le era difícil respirar por el sobrepeso al cual no estaba acostumbrado, inclusive su única actividad cotidiana y rutinaria frente a su computadora,  la masturbación – a la cual había recurrido en un afán de mostrarse amor  así mismo- se convirtió en una tarea imposible, su nivel de azúcar en la sangre era tan alto y su oxigenación tan poca debido a la ausencia total de actividad física, que su pene apenas y lograba mantenerse lo suficientemente estable para orinar. A veces tenia que hacerlo sentado.

El crimen no tardo mucho en tocar la puerta de Gonzalo, conectado a decenas de redes sociales,  modifico su moral para justificar las fechorías que ahora veía y disfrutaba, inclusive participaba en foros de intercambio de  material prohibido.  Apenas y dormía pensando que si lograba llegar al fondo de los sistemas cibernéticos, podría entender porque el mundo se comportaba así con los de su especie, tan indiferente, frio e impersonal. Las nuevas tecnologías dejaron de lado su papel como medio para transformarse en el fin de todo, mantenerse conectado en cada momento y en cualquier lugar era la meta, como si su presencia virtual le diera valor en un mundo que entre mas de siete mil millones de seres ignoraba su existencia,  avanzaba hacia los abismos de esta interconexiones frecuentando sitios cada vez más peligrosos, preguntando por el sentido de la vida y los secretos del orbe, esperaba obtener respuestas de personas tan o mucho mas desconcertadas que él.

De vez en cuando atinaba a buscar actualizaciones o mejores programas para codificar sus comunicaciones en un afán de protegerse contra intrusiones, aunque dejó dicho hábito bajo la premisa de que “quizá aquel que desea entrar pueda darme una respuesta para salir”. En definitiva fue el último paso  de su viaje y el mayor error de su aventura.

La mañana del primer día del cuarto mes, Gonzalo levanto su regordeta cabeza, las mejillas otrora rosadas, habían cambiado su aspecto por una piel opaca y blanca por falta de exposición a la luz solar, tomo sus lentes de pasta oscura colocándolos con premura sobre su rostro y se sentó frente al monitor de su pantalla. Revisó y actualizó sus redes sociales, verifico correos electrónicos y envió algunos saludos a sus más de dos mil contactos. Alcanzo su celular con una mano y tomo una fotografía que de inmediato inundo el fondo de su celular al tiempo que se transmitía a sus perfiles públicos. Aquellos de sus “amigos “que recuerdan ese día, observaron en dicha imagen una advertencia, como si presintieran lo que sucedería después.

De inmediato -y como si aquella ultima acción hubiese consumido sus últimos “megas” de acceso- todas las alarmas de sus aparatos comenzaron a emitir distintos sonidos y melodías, cada pantalla posible dentro de su pequeño departamento presentaba imágenes diversas, ventanas que abrían y cerraban si parar, barras de tareas inundadas de sitios de variados tipos saturaban la capacidad de respuesta de sus múltiples equipos, su primer reacción fue concentrase en su ordenador e intentar cerrar cada uno de aquellos “pop-ups”, pero la rapidez con la que surgían y se distribuían por su pantalla  hacia imposible aquella tarea.

Al principio pensó que un virus había infectado su ordenador y este por ende a todos los aparatos que tenia disponibles, pero aquello no tenia sentido, carpetas de sistema abrían y cerraban, los aparatos cambiaban aleatoriamente de melodías, en este momento sus desesperación aumento e intento desconectar cada fuente de alimentación, el rubor volvió a sus mejillas y un calor inundo sus cuerpo, la excitación anegaba de adrenalina todos sus sistemas, el oxigeno se acumulaba en su sangre y una punzada en su bajo vientre contraía su vejiga.

Después de aquello, Gonzalo entendió lo que sucedía, el acceso remoto de su computadora estaba activado y alguien mas tenia control de sus sistemas, su preciada conexión con el mundo que construyo en su mente y que se convirtió al cabo de meses en su realidad era manipulada por manos ajenas a el, se sentía invadido, como si una parte de su intimidad hubiese sido desgarrada por la triste realidad de su existencia.

El intento por repeler el ataque fue breve, nada podía hacer por recuperar su mundo, se lanzo hacia el cable que lo conectaba con su mundo y lo arranco , pero un pitido ensordecedor salió del “cajón” del ordenador, intento apagar el regulador de energía, nueva decepción, arranco el cable de alimentación… el ruido continuaba, sus ojos se llenaron de sangre por la presión que presionaba su corazón, no solo lastimado físicamente, sino roto por la perdida que se avecinaba… tomo el aparato y lo lanzo por la aquella ventana que de permanecer tanto tiempo cerrada,  los vecinos pensaron que el joven que vivía allí cambio de residencia; la realidad salió a la luz cuando el personal de la miscelánea referida – únicos testigos de los hechos – alcanzo a observar la maquina cayendo y destrozarse, al tiempo que un grito ahogado se escucho en las alturas, y un cuerpo en descenso parecía estirarse hacia el suelo mientras trataba de alcanzar algo de lo que fue despojado, un objetivo, un amor, la vida misma.

V

El amanecer era caluroso, luminoso, como solo las mañanas de solsticio veraniego pueden serlo. Gonzalo, acostado en una cama, sueña con días tranquilos, su mente relajada se encuentra particularmente relajada, el aparato que mide sus signos vitales  parece en calma, unos cuantos huesos rotos y una gran contusión en el cráneo que casi le cuesta la vida era el saldo de su infortunio.  En la habitación podemos ubicar a sus padres y hermanos quienes reciben las últimas noticias respecto de su estado de salud, no se atreven a preguntar más que ocasionalmente si el daño sufrido puede ser susceptible de graves secuelas.

Si un sonido fue el inicio de aquella debacle interna, es otro quien devuelve la esperanza, la maquinaria conectada a Gonzalo comienza a realizar resonancias a intervalos exactos, en breves instantes el personal del hospital donde es atendido aquel joven se presenta para verificar posibles situaciones funestas. Por el contrario, aquella persona, tal lastimada y débil como se mira comienza a despegar sus parpados, al principio con timidez, después con mayor vigor y energía, a su alrededor  divisa rostros difuminados con el ambiente,  voces y por supuesto aquellos sonidos de maquina que lo empujaron  figurativa y literalmente por la ventana de su departamento. 

Cada vez con mayor arrojo y mediante un esfuerzo incalculable para enfocar adecuadamente, logra reconocer a sus familiares, ignora lo acontecido después del accidente, lo ultimo que recuerda es el salto al vacio – que con posterioridad describiría como un eterno viaje hacia las entrañas mismas de su mente, empujado por una fuerza extraña y familiar, como si estuviese poseído por un ángel demoniaco- después negro, después nada.

Ahora y sin emitir aun sonido, a pesar de las continuas voces que lo llaman, comienza a hilvanar los acontecimientos de los últimos 3 meses, la perdida de su forma de vida, el despido, su exhibición publica, el desprecio de su propio ser, el rechazo del amor ajeno, su degradación como autómata, la búsqueda de conocimiento y fe en su resolución, hasta la llegada del clímax con la presencia del mal en su propio mundo abierto ante sus ojos, la lucha con contra si mismo y por supuesto la redención del sacrificio…

Trato de comprender aquel hecho que rebaso por mucho su capacidad de respuesta, pensó en la revolución que había causado en su interior, al final de todo la divinidad a la que el hombre aspiraba, la totalidad del conocimiento y la posibilidad de una consciencia colectiva, omnisciente, conformada por millones de neuronas autónomas e interconectadas no era mas que eso, una visión, y su persona representaba solo una breve parte de aquel fervor casi fanático que sirve para alabar los propios logros de la humanidad.  Intento retroceder a las bases, a la naturaleza y su pasado, aquel que evocaba su padre y ahora parecía más apetecible.

Levanto la mano hacia la enfermera que verificaba cada sensor conectado a su cuerpo, en un intento por llamar su atención emitió un breve gemido, como si leyera su mente o quizá por la experiencia recorrida a lo largo de años de fiel servicio al necesitado, aquella figura de breve vestimenta blanca acerco su oreja a la boca de Gonzalo, se retiro mientras sus parientes con los ojos inundados en lagrimas esperaban ser llamados o por lo menos reconocidos.

La enfermera se abalanzo hacia las pertenecías del Gonzalo guardadas hábilmente dentro de un buro cercano, tomo un pequeño artefacto y lo entrego al aquejado cuerpo que yacía en la cama, las personas dentro de la habitación nunca podrían haber adivinado lo que sucedió después.

Sin el menor signo de dolor y la mirada fija  en el aparato, Gonzalo manipulo como si nada hubiese sucedido su teléfono celular, en segundos lo encendió, estableciendo la primera conexión a la red, de su nueva vida, en un antiguo perfil de red social, al tiempo que escribía hábilmente sobre la pantalla táctil:

“OMG… me salve”.


FIN


Hector Marquez




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