Carta
Abierta con referencia al articulo “Internet, el quinto campo de batalla”
publicado en la Revista PROCESO No. 1901 de 7 de abril de 2013.
Hace 6 años leí por
primera vez el término Cyberwar –
Guerra Cibernética - precisamente en una revista de divulgación científica, desde
aquel momento quede convencido de la posibilidad de ver un conflicto “armado”
entre Estados que tendría como escenario el ciberespacio, por ello la necesidad
de establecer reglas claras sobre su desarrollo en el ámbito internacional.
A pesar de que la
actividad en contra de los sistemas cibernéticos ya tiene bastantes años en la
mesa de los gobiernos, donde actividades como el “hacking, el ciberactivismo,
el ciberterrorismo y la ciberdelincuencia” han ido en aumento, nunca se había
tenido en puerta la posibilidad real de enfrentamientos, de agresiones donde los
participantes fuesen Estados, principalmente porque las acciones citadas en
primer lugar solo requieren de conocimientos muchas veces accesibles en el
mismo internet y otras porque la tecnología para su desarrollo es asequible
para la sociedad civil, lo cual es
insuficiente para poner en jaque a todo un Estado (como lo demostró Israel hace
unos días al enfrentar al grupo activista “Anonymous”).
Ahora las grandes
compañías de seguridad informática, los sectores militares de diversos países y
las grandes corporaciones están preocupados por el avance en el desarrollo de
armas digitales. En los últimos 6 años, a partir de los ataques a los sistemas
de Estonia, se ha hecho presente una carrera armamentista, que abarca todos los
ámbitos del ciberespacio pero cuyos blancos son las infraestructuras criticas
de los Estados. Hablamos de
instalaciones de energía, agua, sistemas financieros, monetarios, de salud,
protección civil y de defensa. Prácticamente es imposible encontrar servicios
públicos que no estén conectados al ciberespacio de alguna u otra forma. El
mundo se arma y prepara para librar algo más grande y complejo.
Por esta situación,
el tema es recurrente en foros, asambleas y cumbres, entre gobiernos,
organismos internacionales y sector privado que tienden a dirigir sus esfuerzos
en enfatizar la seguridad del ciberespacio. Lamentablemente la regulación que
piden la enfocan en limitar libertades de la sociedad civil. Sostengo que el
peligro se encuentra en los siguientes sectores: corporaciones, Estados y
crimen organizado, dado que estos son los únicos sectores con la capacidad
técnica, operativa y financiera necesarias para desarrollar armas del tipo
necesario para una ciberguerra. La normatividad es necesaria pero prohibir es
exiguo; es necesario un análisis critico y reflexivo respecto de un tema que
prácticamente ningún político maneja al dedillo, mucho menos las asambleas de
representantes y/o congresos de los Estados que en ultima instancia tendrían
que ratificar algún tipo de convención al respecto.
Un tratado
internacional que pretenda ampliar el sistema iniciado en el siglo XIX en
Ginebra para regular la guerra (Ius in bello) debe ir mas allá de la mera
descripción y prohibición de actividades ilícitas. Un verdadero acuerdo
internacional requiere uniformidad en los términos de Ciberespacio e Internet.
Necesita resolver el problema de la soberanía, así como la aplicación temporal
y espacial de las normas encaminadas a limitar la guerra cibernética y el
desarrollo de armas digitales.
Deberá ser garante
de la libertad de información y comunicación, y se encaminara a la ampliación
de libertades de la sociedad civil permitiendo las tecnologías de encriptación
para la protección de datos personales. Fomentara la protección de
infraestructura crítica civil y sistemas
sensibles internacionales como el financiero.
Por ultimo, una
futura convención internacional en materia de guerra cibernética, reconocerá el
ciberespacio como un espacio de todos donde
sociedad civil, entes privados, Estados
y organismos internacionales puedan participar para la convivencia y
desarrollo humano mediante al aprovechamiento de las bondades del mismo.
Mis felicitaciones
a Adrian Foncillas por el desarrollo de un tema tan apasionante.
Atentamente.
Lic. Héctor Manuel Márquez Rivera
Puerto Vallarta, Jalisco a 17 de abril de 2013
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