jueves, 18 de abril de 2013

A PROPOSITO DE LA GUERRA CIBERNETICA




Carta Abierta con referencia al articulo “Internet, el quinto campo de batalla” publicado en la Revista PROCESO No. 1901 de 7 de abril de 2013.

Hace 6 años leí por primera vez el término Cyberwar – Guerra Cibernética - precisamente en una revista de divulgación científica, desde aquel momento quede convencido de la posibilidad de ver un conflicto “armado” entre Estados que tendría como escenario el ciberespacio, por ello la necesidad de establecer reglas claras sobre su desarrollo en el ámbito internacional.

A pesar de que la actividad en contra de los sistemas cibernéticos ya tiene bastantes años en la mesa de los gobiernos, donde actividades como el “hacking, el ciberactivismo, el ciberterrorismo y la ciberdelincuencia” han ido en aumento, nunca se había tenido en puerta la posibilidad real de enfrentamientos, de agresiones donde los participantes fuesen Estados, principalmente porque las acciones citadas en primer lugar solo requieren de conocimientos muchas veces accesibles en el mismo internet y otras porque la tecnología para su desarrollo es asequible para la sociedad civil, lo cual  es insuficiente para poner en jaque a todo un Estado (como lo demostró Israel hace unos días al enfrentar al grupo activista “Anonymous”).

Ahora las grandes compañías de seguridad informática, los sectores militares de diversos países y las grandes corporaciones están preocupados por el avance en el desarrollo de armas digitales. En los últimos 6 años, a partir de los ataques a los sistemas de Estonia, se ha hecho presente una carrera armamentista, que abarca todos los ámbitos del ciberespacio pero cuyos blancos son las infraestructuras criticas de los Estados.  Hablamos de instalaciones de energía, agua, sistemas financieros, monetarios, de salud, protección civil y de defensa. Prácticamente es imposible encontrar servicios públicos que no estén conectados al ciberespacio de alguna u otra forma. El mundo se arma y prepara para librar algo más grande y complejo.

Por esta situación, el tema es recurrente en foros, asambleas y cumbres, entre gobiernos, organismos internacionales y sector privado que tienden a dirigir sus esfuerzos en enfatizar la seguridad del ciberespacio. Lamentablemente la regulación que piden la enfocan en limitar libertades de la sociedad civil. Sostengo que el peligro se encuentra en los siguientes sectores: corporaciones, Estados y crimen organizado, dado que estos son los únicos sectores con la capacidad técnica, operativa y financiera necesarias para desarrollar armas del tipo necesario para una ciberguerra. La normatividad es necesaria pero prohibir es exiguo; es necesario un análisis critico y reflexivo respecto de un tema que prácticamente ningún político maneja al dedillo, mucho menos las asambleas de representantes y/o congresos de los Estados que en ultima instancia tendrían que ratificar algún tipo de convención al respecto.

Un tratado internacional que pretenda ampliar el sistema iniciado en el siglo XIX en Ginebra para regular la guerra (Ius in bello) debe ir mas allá de la mera descripción y prohibición de actividades ilícitas. Un verdadero acuerdo internacional requiere uniformidad en los términos de Ciberespacio e Internet. Necesita resolver el problema de la soberanía, así como la aplicación temporal y espacial de las normas encaminadas a limitar la guerra cibernética y el desarrollo de armas digitales.

Deberá ser garante de la libertad de información y comunicación, y se encaminara a la ampliación de libertades de la sociedad civil permitiendo las tecnologías de encriptación para la protección de datos personales. Fomentara la protección de infraestructura crítica civil  y sistemas sensibles internacionales como el financiero.

Por ultimo, una futura convención internacional en materia de guerra cibernética, reconocerá el ciberespacio como un espacio de todos donde  sociedad civil, entes privados, Estados  y organismos internacionales puedan participar para la convivencia y desarrollo humano mediante al aprovechamiento de las bondades del mismo.

Mis felicitaciones a Adrian Foncillas por el desarrollo de un tema tan apasionante.

Atentamente.
Lic. Héctor Manuel Márquez Rivera
Puerto Vallarta, Jalisco a 17 de abril de 2013


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