Hola amigo, hace tiempo que no hablamos, de hecho estamos más
distantes que nunca, si fuéramos astros celestes, yo sería quizá Plutón -planta
venido a menos-, y quizá buscaría desesperado calentar mi espíritu de hielo con
los breves destellos de un buen amigo -como lo eres tú-, una estrella en mi
existencia, no la única, pero si la más cercana.
A lo largo de mi breve existencia reconozco que los amigos
tenemos que hacer cosas nada piadosas y mucho menos divertidas, pero cuanto
menos loables. Y una de esas cuestiones sin duda es colocar el hombro para el
desahogo del herido, del enfermo, del desvalido y quizá hasta el moribundo.
Claro que esta es una verdad figurativa, realmente nuestro
hombro no se ubica siempre en el instante y lugar adecuado para soportar todo
el peso de las decisiones y la suerte de las personas, ¡a veces ni siquiera
alcanza para brindar apoyo a una cabeza atribulada!
El día de hoy, mejor dicho “esta noche”, el peso va más allá
de mis fuerzas; por eso mi amigo, mi compadre, mi hermano, te pido escuches mi llamado y brindes esa luz, -que
más que luz pudiera ser luciérnaga, por aquello de la intermitencia-.
Todo lo que pido es una luz en la oscuridad, porque las luciérnagas solo se ven de noche, brillan por
momentos para nosotros y en ocasiones se posan en nuestras narices, y como por arte de magia se
van hasta que se pueden ver a lo lejos, al tiempo que tú mismo corres tras de
ellas, solo para descubrir que la esperanza que otorga su destello es tan tenue
que por momentos te sientes perdido, pero a la vez tan cálida que pareciera
llenarte de su tibio manto, otorgándote nuevos bríos, un impulso más, que se
quede hasta la siguiente luz -o luciérnaga según sea el caso-.
Como te comentaba, mi vida sufre vuelcos, bueno, la vida misma
no, solo mi corazón decepcionado de la primera, lo que era no es más y lo que
viene parece no tener pies ni cabeza. Nunca entenderé como es que Dios otorga
la suerte a los humanos, uno tiene cinco minutos de fama y desaparece toda una
vida. ¡Pero si corres con la suficiente fuerza quizá la fama sea la que te siga
a ti!
A últimas fechas eso es lo que he intentado sabes, correr
con todas mis fuerzas para que la fama me siga, -al fin tu sabes que el deseo
de trascendencia siempre ha estado
presente en tu hermano- pero quizá corrí tan apresurado que debo sentarme a que
la fama me empareje. ¿Qué piensas?
No puedes culparme si cuándo vine al mundo estaba servido
para que lo comiera. El único pormenor fue que ¡¡nadie me enseño a comer!! Y cuando pude zamparme todo
el banquete, lo consumí en segundos, segundos que no bastan para llenar este
hueco en mi estómago.
¿Cómo lo lleno hermano?, ese hecho que no tiene fondo… ¡que
lo olvide? ,- ¿pero cómo?- ¡¡si ese hueco es lo que me impulso los últimos años!!
Es complicado continuar cuando las bendiciones que deseas parecen destinadas a
otros, y poco puedes hacer por
encontrarlas. Casi todo el tiempo me siento amarrado, sujeto a un ancla
que cada vez se hunde mas en la tristeza desoladora del olvido.
¿Soy quejumbroso? - claro que si- , ¿es mucho pedir algo de
lo que los demás disfrutan? No niego mi suerte, en la vida he ganado, mucho, quizá
más que otros, pero eso no me impide desear más. Eso no me impide intentar
crecer para alcanzar mis ideales, mis objetivos.
No soy religioso ni pretendo convertirme en un gurú de la
espiritualidad. Lo mío es lo social, sabes que no puede soslayarme de la gente.
A ellos se debe todo y mi único afán de saber más es por ellos.
Es doloroso ir contracorriente hermano mío, cuando tus
propios conocidos y compañeros están tan enajenados que su vida está dedicada a
la protección del sistema que intentas modificar. Pero tu fuerza es la misma
que la de una hormiga empujando un elefante sentado. ¡¡no lo entienden!! Y si embargo allí seguimos
presionado la uña del elefante.,
Hoy he querido solicitar tu hombro, para llorar mi tragedia,
para contar mi pena. Del como este talento se hunde y se deprime, de por qué aquella
sensación de pesar que no se va y simplemente crece, hasta el punto de impedir
que salgas a flote. No necesitas escuchar mis detalles, mi vida es un fragmento
de la de miles, quizá millones que como yo buscamos la transcendía del ser,
como la buscaron los antiguos al dibujar en las cuevas de Altamira, o al
construir las pirámides en Ghiza.
Lo único que te pido es que me escuches, para que esos rayos
puedan sentirse sobre mi pálida y fría piel, para que la luciérnaga se haga
presente una vez más y me impulse en mi camino, para que esos cinco minutos se multiplique por obra y
gracia del universo circundante, quizá de ese modo pueda llenar el hueco un
momento aunque sea, el ancla se suelte y me permita un respiro, que se vayan
las quejas y el elefante se mueva
¡¡Entiende que hay momentos que necesitamos hablar con una
amigo, y tu como mi hermano llevas la de perder!!
Tu hermano H.
Hector Marquez
h_mm_r84@hotmail.com
No hay comentarios:
Publicar un comentario